Cómo cuidar el corazón todos los días: hábitos y controles que ayudan a prevenir

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El corazón trabaja continuamente. Late mientras dormimos, caminamos, trabajamos, descansamos y hacemos nuestras actividades cotidianas. Sin embargo, muchas veces solamente pensamos en él cuando aparece algún síntoma o cuando un estudio médico muestra una alteración.

La buena noticia es que existen medidas que ayudan a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y que pueden incorporarse progresivamente a la vida cotidiana.

¿Qué son las enfermedades cardiovasculares?

Las enfermedades cardiovasculares comprenden diferentes problemas que afectan al corazón y los vasos sanguíneos. Entre ellas se encuentran la enfermedad coronaria y el accidente cerebrovascular. Son una de las principales causas de muerte a nivel mundial. Muchos de sus factores de riesgo pueden prevenirse o controlarse.

Entre los factores de riesgo más importantes se encuentran el tabaquismo, la alimentación poco saludable, la falta de actividad física y el consumo nocivo de alcohol. También existen factores que deben ser controlados mediante atención médica, como la hipertensión arterial, la diabetes y el colesterol elevado.

La presión arterial: un control que no conviene postergar

La hipertensión puede no producir síntomas evidentes. Por eso, sentirse bien no significa necesariamente tener una presión arterial adecuada. Los controles periódicos permiten detectar alteraciones y, cuando es necesario, iniciar cambios de hábitos o tratamientos indicados por un profesional. Si una persona ya tiene hipertensión, es importante seguir las indicaciones médicas y no suspender la medicación por cuenta propia aunque se sienta bien.

El colesterol también importa

El colesterol es una sustancia necesaria para el organismo, pero determinados niveles elevados, especialmente del colesterol LDL, pueden aumentar el riesgo cardiovascular.

La alimentación, la actividad física, el peso corporal, la genética y algunas enfermedades pueden influir en los niveles de colesterol. Por eso, no es conveniente decidir por cuenta propia si una persona “tiene colesterol” simplemente por lo que come o por su contextura.

Los controles y análisis indicados por profesionales permiten evaluar el riesgo de manera individual.

Moverse es una forma de cuidar el corazón

No hace falta convertirse en atleta para empezar a moverse. Caminar, andar en bicicleta, bailar, nadar, hacer ejercicios de fuerza o realizar cualquier actividad física adecuada a nuestra condición puede contribuir al cuidado cardiovascular. La OMS señala que la actividad física regular ayuda a reducir el riesgo cardiovascular, junto con otras medidas como abandonar el tabaco y reducir el consumo de sal. 

Si una persona lleva mucho tiempo sin hacer actividad física o tiene una enfermedad, puede ser conveniente consultar antes de comenzar una rutina intensa.

La alimentación también forma parte de la prevención

Una alimentación saludable no significa hacer una dieta restrictiva. Se trata de construir una alimentación variada, con mayor presencia de frutas, verduras, legumbres y otros alimentos nutritivos, y moderar el consumo de sal, productos ultraprocesados y alimentos con exceso de azúcares y grasas poco saludables.

Se  recomienda reducir la ingesta de sal y aumentar el consumo de frutas y verduras como parte de las medidas que ayudan a disminuir el riesgo cardiovascular. Los cambios sostenibles suelen ser más útiles que las transformaciones extremas que no podemos mantener.

El tabaco es un factor de riesgo importante

No existe una forma “segura” de fumar. El tabaco aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y distintos tipos de cáncer. La nicotina, además, genera dependencia. Dejar de fumar es una de las decisiones más importantes que una persona puede tomar para cuidar su salud.

Si fumás y querés dejarlo, no es necesario hacerlo sin ayuda. Existen tratamientos y estrategias de acompañamiento que pueden aumentar las posibilidades de lograrlo.

¿Qué síntomas requieren atención inmediata?

Hay situaciones que no deberían esperar. Un dolor o presión intensa en el pecho, especialmente si se acompaña de falta de aire, sudoración, náuseas, malestar o dolor que se extiende hacia el brazo, espalda, cuello o mandíbula requiere atención médica urgente.

También es fundamental reconocer posibles signos de accidente cerebrovascular: dificultad repentina para hablar o comprender, alteraciones de la visión, pérdida de fuerza o sensibilidad, dificultad para caminar, mareos intensos o pérdida del equilibrio.

Ante síntomas compatibles con una emergencia, se debe buscar atención inmediata y comunicarse con el sistema de emergencias correspondiente.

La prevención empieza antes de que aparezca una enfermedad

Cuidar el corazón no significa vivir preocupado. Significa conocer nuestros factores de riesgo, realizar los controles recomendados y adoptar hábitos posibles de sostener. Una persona puede comenzar por algo sencillo: caminar un poco más, reducir el consumo de sal, incorporar más verduras, dejar de fumar o pedir un control médico que viene postergando. No hay que cambiar todo de un día para otro.

Cada decisión saludable suma.

Cuidar el corazón también es cuidar a quienes queremos

La prevención cardiovascular no es solamente una cuestión individual. Cuando incorporamos hábitos saludables en casa, cuando dejamos de fumar cerca de otras personas, cuando cocinamos de manera más saludable o cuando acompañamos a alguien a realizar un control, también estamos construyendo entornos más saludables.

Este 29 de septiembre, Día Mundial del Corazón, puede ser una buena oportunidad para preguntarnos:

¿Qué puedo empezar a hacer hoy para cuidar mi corazón?

No hace falta esperar al próximo año. La prevención empieza con una decisión y continúa con pequeños hábitos sostenidos en el tiempo.

La información publicada es de carácter educativo y no reemplaza la consulta con el profesional de la salud.