Cuando pensamos en cuidar nuestra salud, probablemente nos acordemos de hacer actividad física, alimentarnos mejor, controlar la presión arterial o realizar los estudios indicados por nuestros profesionales. Sin embargo, hay una parte fundamental del cuerpo que muchas veces queda en segundo plano: la boca.
La salud bucodental forma parte de la salud integral. Una boca sana nos permite comer, hablar, sonreír y relacionarnos sin dolor ni molestias. Por eso, cuidar dientes y encías no debería ser una tarea que comienza cuando aparece un problema: la prevención es la mejor herramienta.
¿Qué significa tener una buena salud bucodental?
No se trata solamente de tener los dientes blancos o una sonrisa estética. Tener una boca saludable significa poder realizar las funciones cotidianas sin dolor, inflamación, sangrado u otras alteraciones.
Las caries y las enfermedades de las encías son algunos de los problemas más frecuentes, pero también pueden presentarse desgaste dental, fracturas, sensibilidad, alteraciones de la mordida y lesiones que necesitan seguimiento.
La salud bucodental también está relacionada con el bienestar general. La Organización Mundial de la Salud señala que existe una relación entre la salud oral y la salud general, y que factores como el consumo de tabaco, alcohol y una alimentación con alto contenido de azúcares pueden favorecer tanto enfermedades bucales como otras enfermedades no transmisibles.
Por eso, cuando hablamos de prevención odontológica, estamos hablando de cuidar la salud en su conjunto.
El cepillado: un hábito sencillo y fundamental
Una de las principales herramientas de prevención está al alcance de todos: el cepillado.
Se recomienda cepillarse al menos dos veces por día durante aproximadamente dos minutos, utilizando pasta dental con flúor y un cepillo de cerdas suaves. También es importante limpiar los espacios entre los dientes al menos una vez al día mediante hilo dental, cepillos interdentales u otro elemento indicado por el profesional.
No es necesario ejercer mucha fuerza. Un cepillado demasiado agresivo puede irritar las encías y favorecer el desgaste. Lo importante es realizar una técnica adecuada y cubrir todas las superficies dentales.
También conviene reemplazar el cepillo aproximadamente cada tres meses o antes si las cerdas están abiertas o deterioradas.
La alimentación también importa
Lo que comemos y, sobre todo, la frecuencia con la que consumimos determinados alimentos influye en la salud de nuestros dientes.
Las bacterias presentes en la boca utilizan los azúcares y producen ácidos que pueden dañar el esmalte dental. Por eso, reducir el consumo frecuente de golosinas, productos muy azucarados y bebidas azucaradas ayuda a disminuir el riesgo de caries.
No se trata de prohibir alimentos, sino de incorporar hábitos más saludables y evitar el consumo permanente de productos azucarados durante todo el día.
También es importante tomar agua como bebida habitual y mantener una alimentación variada.
¿Por qué hay que ir al odontólogo si no me duele nada?
Esta es una de las preguntas más frecuentes.
La ausencia de dolor no significa necesariamente que no exista un problema. Algunas alteraciones pueden detectarse durante un control antes de que produzcan síntomas importantes.
La consulta odontológica permite evaluar dientes, encías y otras estructuras de la boca, identificar factores de riesgo y establecer medidas preventivas o tratamientos cuando sean necesarios.
Se recomienda realizar controles odontológicos periódicos y consultar especialmente ante signos como dolor, sangrado de encías, sensibilidad, movilidad dentaria, cambios en la posición de los dientes o lesiones que no cicatrizan.
La frecuencia de los controles puede variar según la edad, el estado de salud bucal y los factores de riesgo de cada persona. Por eso, es importante seguir la indicación del profesional.
Señales que no conviene ignorar
Hay síntomas que justifican una consulta odontológica.
Por ejemplo:
- sangrado frecuente de las encías;
- dolor dental;
- sensibilidad persistente;
- inflamación;
- movilidad de algún diente;
- cambios en la posición de los dientes;
- lesiones, aftas o úlceras que no cicatrizan;
- dificultad para masticar;
- cambios persistentes en la boca;
- prótesis que generan molestias o están desadaptadas.
No conviene automedicarse para “aguantar” el dolor. Los analgésicos pueden disminuir momentáneamente una molestia, pero no solucionan necesariamente la causa.
La prevención cambia según la etapa de la vida
Las necesidades de cuidado no son exactamente iguales para todas las personas.
Durante la infancia es importante incorporar el cepillado como un hábito cotidiano y trabajar desde temprano en la prevención de caries.
En la adolescencia y adultez pueden adquirir mayor importancia factores como la alimentación, el tabaquismo, el alcohol, el bruxismo, los tratamientos de ortodoncia y la higiene interdental.
En las personas mayores pueden aparecer problemas relacionados con la retracción de las encías, sensibilidad, pérdida de piezas dentales, prótesis y dificultades para mantener una higiene adecuada. El Ministerio de Salud también recomienda adaptar los elementos de higiene a las necesidades de cada persona.
Prevenir también es consultar
Una buena rutina de higiene en casa es indispensable, pero no reemplaza los controles profesionales.
La prevención odontológica combina tres acciones: hábitos cotidianos, controles periódicos y consulta oportuna ante cualquier señal de alarma.
Cuidar la boca no tiene que ser complicado. Muchas veces, pequeñas acciones sostenidas en el tiempo hacen una gran diferencia.
Desde la Obra Social del Personal de Dragado y Balizamiento promovemos una mirada integral de la salud y acercamos herramientas para que nuestros afiliados y afiliadas puedan acceder a la prevención y al cuidado odontológico.
No esperes a que aparezca el dolor. Cuidar tu boca hoy es una forma de cuidar tu salud para el futuro.
La información publicada es de carácter educativo y no reemplaza la consulta con el profesional de la salud.