La actividad física cumple un papel clave en el cuidado y la preservación de la salud. Se entiende por actividad física todo movimiento corporal producido por los músculos, lo que implica un gasto de energía. Cuando estos movimientos se realizan de manera planificada, organizada y repetida en el tiempo, reciben el nombre de ejercicio físico.
La falta de una cantidad mínima de actividad física necesaria para mantener una buena salud conduce al sedentarismo, considerado uno de los principales factores de riesgo responsable de numerosas patologías. Aunque más del 90 % de las personas reconoce la importancia de mantenerse activo, uno de cada cinco adultos lleva un estilo de vida sedentario. Este hábito puede afectar negativamente al organismo, ya que aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, hipertensión, problemas musculares y también trastornos relacionados con la salud mental, como el estrés o la depresión.
La única forma de combatir el sedentarismo es incorporando actividad física a la rutina diaria. Las recomendaciones sugieren realizar ejercicios aeróbicos, como caminar al menos tres veces por semana durante un mínimo de 40 minutos por sesión a paso acelerado.
La práctica regular de ejercicio aporta múltiples beneficios tanto a nivel físico como mental. Entre los más destacados se encuentran:
El ejercicio es recomendable en todas las etapas de la vida, siempre que se adapte a la condición física y a las capacidades funcionales de cada persona. No existe un límite de edad, y en cualquier momento de la vida la actividad física contribuye a mejorar la calidad de vida.
Antes de iniciar cualquier actividad física, es fundamental realizar una consulta médica que determine si la persona se encuentra en condiciones de hacerlo. Esta evaluación se conoce como apto físico.
Los estudios requeridos varían según la edad, el tipo de actividad a realizar y los antecedentes de salud. De manera general, la evaluación básica incluye una consulta médica y un electrocardiograma, preferentemente con un cardiólogo.
En el caso de los niños, la evaluación debe ser realizada por el pediatra. Las asociaciones deportivas suelen contar con protocolos específicos para actividades federadas, los cuales son obligatorios para competir y orientan sobre los estudios necesarios.
En adultos, los estudios solicitados dependen del criterio médico. Como guía general, un electrocardiograma y una ergometría suelen ser suficientes en personas jóvenes que realizan actividad recreativa o de intensidad moderada. Para actividades competitivas o de alto rendimiento, se agrega un ecocardiograma doppler. El mismo criterio se aplica a personas mayores de 40 años. Si existen factores de riesgo cardiovascular o antecedentes cardíacos, pueden requerirse estudios más específicos para descartar enfermedad coronaria.
El principal objetivo del apto físico es detectar enfermedades, especialmente cardíacas, que puedan representar un riesgo durante la práctica deportiva. Muchas afecciones del corazón no presentan síntomas y pueden desarrollarse de manera silenciosa, por lo que el control médico resulta fundamental para identificarlas a tiempo.
La actividad física es esencial para una vida saludable, ya sea en un gimnasio, en su hogar o al aire libre; así como también llevar una alimentación saludable acorde al nivel de actividad, peso, sexo y edad. No posterguemos más el momento de comenzar, pero recordemos que el primer paso siempre debe ser una consulta médica para asegurarnos de que todo esté en orden.
Artículo colaboración y revisión Dr. Marcelo Ruiz, médico cardiólogo, MN 54891
La información que antecede es de carácter educativo y no reemplaza la consulta con el profesional de la salud.