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14 de noviembre: Día Mundial de la Diabetes

El Día Mundial de la Diabetes fue proclamado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de la Diabetes (FID) ​ en 1991, en respuesta a la creciente preocupación por la amenaza que esta enfermedad representa para la salud pública a nivel global. El 20 de diciembre de 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas oficializó esta fecha como un día internacional bajo el auspicio de la ONU.​ La proclamación busca aumentar la conciencia sobre la diabetes y promover el acceso a la atención médica adecuada para prevenir y controlar la enfermedad, reduciendo así las complicaciones y las muertes prematuras asociadas.

¿Qué es la diabetes Mellitus?

La diabetes es una enfermedad crónica que se caracteriza por presentar niveles altos de azúcar en sangre.

El azúcar en sangre (glucemia), cuando tiene valores por encima de lo normal, se lo denomina hiperglucemia, y cuando se sostiene en el tiempo puede dar lugar a complicaciones en diferentes órganos.

La diabetes es una enfermedad crónica, esto significa que acompaña toda la vida a la persona que la padece. Sin embargo, con un seguimiento y tratamiento adecuado se pueden prevenir complicaciones y llevar una vida normal.

Se estima que 1 de cada 10 argentinos de 18 años o más tiene diabetes y dado que, por varios años permanece sin síntomas, aproximadamente 4 de cada 10 personas que la padecen desconocen su condición.

¿Cuáles son sus causas?

Cuando comemos, los alimentos se digieren y la glucosa se absorbe y distribuye en nuestro organismo. La glucosa es un azúcar que el organismo utiliza como fuente de energía para poder funcionar, pero para que pueda ingresar a las células necesita de la insulina, que es una hormona producida por el páncreas.

En las personas con diabetes existe una alteración en la producción y/o el funcionamiento de la insulina, entonces la glucosa queda afuera de la célula acumulándose en la sangre (hiperglucemia).

Existen varios tipos de diabetes:

  • Diabetes tipo 1: el páncreas no produce insulina, por lo tanto, la glucosa no puede ingresar a las células. Generalmente comienza antes de los 30 años y su tratamiento requiere seguir un plan de alimentación adecuado y la aplicación de inyecciones de insulina todos los días.
  • Diabetes tipo 2: es la forma más común. Si bien existe producción de insulina, esta es insuficiente y la misma actúa de forma incorrecta, de modo que el ingreso de la glucosa a las células, se ve dificultado (insulinorresistencia). Si bien suele comenzar después de los 40 años, la enfermedad se observa en forma cada vez más frecuente en personas más jóvenes. Este tipo de diabetes se asocia a sobrepeso y obesidad, alimentación inadecuada, falta de actividad física y antecedentes familiares de diabetes tipo 2.
  • Diabetes gestacional: es la glucemia alta que se inicia o se diagnostica en el embarazo.
  • Otro tipo específico de diabetes, menos frecuente, es la diabetes causada por otras enfermedades o medicamentos como por ejemplo enfermedades del páncreas.

¿Cómo se detecta?

El diagnóstico de la diabetes se realiza mediante la medición de la glucosa en sangre en ayunas (glucemia basal) y se recomienda en las siguientes circunstancias:

  • En todas las personas a partir de los 45 años.
  • Y en los menores de 45 años, cuando existe al menos 1 factor de riesgo.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

  • Familiares con diabetes (padres, hermanos, hijos).
  • Diabetes durante el embarazo.
  • Mujeres con hijos nacidos con peso mayor a 4 kg.
  • Sobrepeso u obesidad.
  • Actividad física insuficiente, sedentarismo.
  • Enfermedad cardiovascular.
  • Hipertensión arterial.
  • Colesterol alto.
  • Tabaquismo.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas de la diabetes pueden variar de intensidad en diferentes personas y según el tipo de diabetes.

La diabetes tipo 1 suele producir síntomas de forma rápida y clara tras la falta de producción de insulina, por lo que su diagnóstico suele ser prácticamente inmediato tras el inicio de los síntomas.

En cambio, la diabetes tipo 2, es mucho más gradual, pueden pasar varios años sin que se produzcan síntomas que hagan sospechar su presencia por lo cual, el diagnóstico se puede producir al realizar un análisis de sangre por otro motivo.

Los síntomas de la diabetes pueden ser:

  • Falta de energía
  • Poliuria (orinar mucho).
  • Polifagia (aumento del apetito).
  • Polidipsia (beber mucho por sed).
  • Pérdida de peso.
  • Visión borrosa.
  • Infecciones urinarias a repetición.
  • Infecciones cutáneas a repetición.
  • Heridas que tardan en cicatrizar.

¿Cuál es el tratamiento?

Se basa en 4 pilares:

  • Educación diabetológica: Incorporar conocimientos acerca de la enfermedad y las estrategias para los cuidados cotidianos es un componente esencial del tratamiento de la diabetes y otras enfermedades crónicas.
  • Estilo de vida saludable, que comprende:
    • Plan alimentario equilibrado con porciones adecuadas que incluyan verduras, frutas, granos integrales, legumbres, carnes magras, lácteos descremados y bajo en sodio; con reducción al mínimo del consumo de alcohol.
    • Actividad física aeróbica: antes de iniciar, consulte a su equipo de salud para elegir el tipo, la intensidad, frecuencia y duración de actividad física que puede realizar según su edad, estado de salud y sus preferencias.
    • No fumar.
  • Tratamiento farmacológico: medicación vía oral o inyecciones de insulina.
  • Tratamiento de sus factores de riesgo y enfermedades asociadas: hipertensión, sobrepeso u obesidad, colesterol alto.

¿Cómo se puede prevenir?

Para la diabetes tipo 1, por el momento, no existe ningún método eficaz para su prevención.

En cambio, está comprobado que la diabetes tipo 2, puede evitarse en gran medida adoptando un estilo de vida saludable, a través de un plan alimentario, actividad física y evitar fumar.

¿Cuáles son sus complicaciones?

Cuando el azúcar en sangre tiene valores por encima de lo normal, sostenidos durante mucho tiempo, puede dar lugar a las complicaciones crónicas.

Cuando se afectan los pequeños vasos sanguíneos, se denominan complicaciones microvasculares, que comprometen a los ojos, riñones y nervios de los pies. Si se afectan los vasos sanguíneos de mayor tamaño, se denominan complicaciones macrovasculares, que comprometen al corazón, cerebro y/o arterias de los miembros inferiores.

Las complicaciones de la diabetes pueden prevenirse, controlando los niveles de glucemia y de los otros factores de riesgo cardiovasculares (como ser la hipertensión arterial, dislipidemia, obesidad, tabaquismo y sedentarismo).

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